jueves, 28 de enero de 2010

Must have, must be




Riguroso el discurso de Miguel Ángel Fernández Ordóñez en el Círculo de Empresarios de Galicia en Vigo, el foro a la vanguardia de las tesis antifusión intragallega de sus Cajas. Delante de la ‘creme de la creme’ en un almuerzo que constituyó un auténtico ‘must have, must be’, el gobernador del Banco de España desgranó las claves que rigen los tiempos que nos ha tocado vivir. Miembro de una de las familias socialdemócratas más influyentes desde la transición española, es hermano de quien dio nombre a la reforma fiscal de 1977, la que le puso las pilas al país, haciéndonos contribuir a todos al sostenimiento del estado del bienestar. Un tránsito gigantesco en un país en el que sólo se pagaba cuando se importaba un Dodge Dart y en consecuencia, tampoco nada se recibía; ni educación, ni sanidad ni subsidio alguno. Y se tardaban 12 horas en ir de Vigo a Madrid en un Seiscientos...

Quien ya vaticinó en 2005 el inminente estallido de la burbuja del ladrillo, pues no era sostenible que un país como el nuestro construyera 300.000 viviendas al año cuando Alemania o Francia se construían 100.000, explicó con rara altura intelectual y solidez técnica lo que todos sabemos y no siempre interpretamos: Después de más de diez años de crecimiento llega una contracción que produce un paro del 20% de la población activa. El doble que la de nuestros socios comunitarios. Como consecuencia de este paro, el consumidor, inseguro, no consume. El fabricante que no vende su producción, no produce, no compra y despide; el banquero, convencido de que el parado y el empresario son insolventes, no presta. Y el estado, por consiguiente, no ingresa los impuestos de antaño que ahora ya nadie paga, pero él sí paga más subsidios por desempleo que nunca: Paro y desequilibrio presupuestario tienen cuarenta grados de fiebre, y constituyen los males a combatir. Sin embargo aprecio un punto de inflexión; afirmó estar al final del túnel y sentirse razonablemente optimista. Optimista condicionado, dijo. Condicionado a que se aborden las reformas coyunturales y estructurales que nuestra economía tiene que abordar para materializar el potencial de crecimiento diferencial que aún posee respecto de nuestros socios comunitarios.

Con gran honestidad intelectual achacó a la crisis lo que es de Dios y al Cesar lo que pertenece a nuestros propios desequilibrios: el despilfarro de unas cuentas públicas que no son propias de países más ricos que el nuestro y las rigideces del mercado laboral. Estado del bienestar no es hipertrofia de la administración pública. Ésta no es presupuesto necesario de aquél, sino todo lo contrario: su más serio enemigo. Los recursos inmensos que consume una enorme administración ineficiente, son recursos que no retornan en forma de servicios al ciudadano. Igualmente, en un mercado libre, las rigideces en la negociación colectiva y otras instituciones del mercado del trabajo, producen el paro insostenible en el que se halla instalado nuestra economía: el doble o más que nuestros socios y vecinos. Nunca tanto paro ha generado la presunta defensa de los puestos de trabajo.

 Tampoco se olvidó de las reformas estructurales ‘de las que nunca hablan los periodistas’: La deficiente educación en España, en la que sólo un 60% de la población juvenil termina sus estudios básicos, frente a un 90% en otros países de la comunidad. Un estatus de sociedad del bienestar es incompatible con una deficiente cualificación de la fuerza de trabajo. Sólo un alto valor añadido en la oferta laboral puede impedir o disuadir la deslocalización de industrias y negocios a otros países más pobres y con salarios más bajos. Sólo la excelencia educativa puede proporcionar ese valor añadido que países más pobres no pueden ofertar.

 La discreción que le resulta exigible al órgano regulador financiero le impidió verbalizar la oposición implícita que su comparecencia en Vigo supone contra la fusión de las cajas. Por ello nunca quiso entrar en nombres propios ni en situaciones concretas, ni valorar fusiones entre entidades financieras. Pero sí que explicó las hojas de ruta del Banco de España. Estas son algunas de sus mejores frases textuales:

"No importa si la fusión es interregional, intrarregional o mediopensionista, es que da igual. Lo importante es que sea sólida. Aquí y en todas partes". "Nunca he hablado de instituciones concretas y no lo voy a hacer ahora. El supervisor conoce perfectamente cómo están, pero no tiene ningún sentido hablar de entidades concretas. La política general está muy clara: el Parlamento le ha encargado al Banco de España que se asegure de que las integraciones son suficientemente sólidas y es lo que tenemos que hacer".

No se refirió a la auditoría solicitada por la Junta de forma explicita pero sentó:

"El contribuyente va a dar recursos muy importantes y no los puede dar a una institución que no los va a poder devolver. ¿A juicio de quién? A juicio del Banco de España, no (a juicio) de los gestores de las cajas, ni de las autoridades, no de un informe de una empresa, sino de lo que diga el BE. ¿Por qué? Porque lo importante es que la integración dé lugar a una entidad sólida que no esté otra vez con la lengua fuera".

O aún más explícito:

"El supervisor sabe perfectamente cuál es la situación de las cajas".

Poco más se puede narrar del contenido de la conferencia y de la posición de su conferenciante.

En cambio sí puede describirse la conferencia y sus convocados: el núcleo del empresariado gallego aparentó un clima más acorde con una asamblea de facultad de una universidad francesa o española en el año 1968, que el que exhibe en uno de esos cónclaves donde lo más interesante suele ser la ternura del solomillo. Un espíritu de identidad, comunidad de sentimientos y tranquila oposición colectiva embargó a una clase dirigente que habitualmente es inane a la desgracia colectiva. Quizás algo está cambiando en la desclasada ciudad viguesa.

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