jueves, 25 de febrero de 2010

A INVASIÓN BÁRBARA DO NORTE (II): Mejor en Castellano: Marcando las distancias.






Cuando se producen algunos desencuentros tan radicales –pues habitan en la raíz de las ideas- los galleguistas deben sopesar la lengua en la que conviene dirimir sus diferencias.

Las diferencias entre Ligasur y Don Víctor Moro aconsejan la lejanía del castellano. Mejor sería aún el Inglés, si no fuera porque obligaría al destinatario de estas letras a tirar constantemente del diccionario. Quienes recién nacidos escuchamos los primeros susurros maternales en gallego, sentimos cierta conveniencia en abandonar nuestra lengua vernácula para sentar nuestras diferencias y discutir sobre ellas. Así es mejor; el castellano es una lengua perfecta, en la que los gallegos disfrutamos expresarnos para realzar la frialdad de la razón por encima de la emoción. Cuando como aquí no hay odio ni amor, si no sólo discrepancia y diferencia, el castellano proporciona esa distancia o lejanía de lo ajeno y abyecto, que permite una reflexión más clara, menos turbia y desapasionada: no es la lengua en la que nuestra madre por vez primera nos habló.

La miserable estatura intelectual de la crónica de Moro no es estructural ni clínicamente atribuible a su autor. Víctor Moro no es un imbécil. Víctor Moro fue un funcionario del Banco de España, que ganó su plaza con el número uno de su oposición, como se esfuerza en recordarnos, y que fue candidato a la Alcaldía de Vigo en las primeras elecciones democráticas. También tuvo otros cargos de gran responsabilidad en otras empresas como Pescanova, que explican algunos de sus posicionamientos actuales. Le ínfima estatura intelectual que aprecia el lector en sus escritos deviene de las ideas que defiende y a las que presta su apoyo: no todo puede defenderse sin perder el mayor capital de su  autor en su comunidad; cuando uno se convierte en adalid de la infamia podrá ganar dinero, poder o posición. Pero perderá el aura de árbitro leal y desprendido, de líder adelantado y visionario de su comunidad.

El artículo de Víctor Moro es un producto sociológico del pasado. El pequeño burgués –y en aún menor medida intelectual de pueblo- que se enajena con una mera cuchipanda con el boticario y párroco comilón que se apunta a todas las papatorias, como Don Benito, el caradura interlocutor del Dios Creador, que instruye la liturgia en Coiro, se marcha con la peña de los “Enxebres” a liquidarse las lampreas, y vuelve a su cita con el neoliberalismo de los 5 escudos para vender a sus vecinos, rindiendo un gran servicio a su señor y a quien le pagó. En verdad, le falto una merienda con chocolate entre la lamprea y Feijóo.

Una revisión crítica de su contenido sólo permite deducir que la fusión de las cajas favorecerá a Vigo porque este demanda crédito. Cómo si Vigo no dispusiera de crédito Con Caixanova y Caixagalicia por separado. Cómo si las empresas y familias dispusieran de mayor crédito tras una fusión que, EN TODA NUESTRA COMUNIDAD, supondrá una mayor concentración del riesgo y consecuente disminución del crédito para la entidad resultante de la fusión. No importa. Tampoco importa que ataque al taxista sensato diciéndole que peor es el plan E que anchea las aceras a costa de un peor servicio de las ambulancias; cómo si en las más avanzadas ciudades europeas no se limitara el acceso del tráfico automóvil al centro urbano y peatonal. También convendría la fusión para solucionar el grave desencuentro entre puerto y ayuntamiento. Pero que nos diga que Vigo no tiene demanda cultural para un Auditorio, pues ésta ya está colmada con el García Barbón, al que la malévola Caixanova ha desprovisto de su magnífica denominación, cuando se sacrifica en financiar los múltiples auditorios que –por duplicado- disfrutan otras villas gallegas, o que el retraso en el AVE es culpa nuestra y no del lobby al que pertenece, eso es practicar un cinismo social que sólo saben hacer bien los caraduras, que cuando defienden su interés económico o el puesto de trabajo de su hijo, tienen la desvergüenza de escribir acerca del galleguismo, y de la supuesta obligación de la ciudad a cuya alcaldía optó, a renunciar una vez más a favor del lobby que le paga ese servicio tan ruin.

Porque no se comprende cómo se puede decir lo que dice nuestra Conselleira de Economía e Facenda sin rubor  alguno: remover el órgano de administración de una entidad privada por medio de la presión política.

El interés general habita en el artículo 9 de la CE; y en su artículo 103, que obligan a la administración del Estado a la prosecución del interés general. Fuera del orden público hay también conductas que desde algunos puntos de vista pueden admirables. Robin Hood, Dick Turpin o Curro Jiménez son algunos iconos de la adolescencia contemporánea. Son arquetipos del bandolero bondadoso y protector del débil. Del ‘outsider’ abocado por la injusticia del sistema a la subsistencia al margen de la Ley. Pero el carácter bosquimano, caminero y montaraz, unido a la habitual nocturnidad de su actividad, no le es dable a la administración del Estado, que nace en virtud de un pacto social con rango de Ley, y por ello, en las fronteras de la Ley también termina. En derecho político se estudia que la delimitación del ámbito lícito de la conducta del particular es negativo: puede hacer todo aquello que le plazca, de acuerdo con el principio de la autonomía de la voluntad, con exclusión de lo que el ordenamiento prohíbe. La Administración pública, por el contrario, sólo puede hacer aquello para lo que está autorizada; aquello que es causa y motivo de su existencia. Lo demás no le resulta lícito y cuando menos constituirá desviación de poder. Esto que resulta tan sencillo de entender, no lo quieren comprender ni quienes nos gobiernan, ni los supuestos radicales nacionalistas que practican la oposición. ¿Está el señor Feijóo tan lejos del denostado presidente venezolano Sr. Chávez como dice? ¿el presidente Chávez sólo cierra las cadenas de TV que le importunan. Aun no concentra la banca a su antojo. Cómo consecuencia de todo ello asistimos al mayor ataque, ya no a Caixanova, que lo es; ya no a Vigo, que lo es. El mayor ataque a la identidad, cohesión y vertebración de nuestra tierra. Es a eso a lo que se ha prestado Don Víctor Moro. Lo de menos es su opinión sobre la estética de las aceras, o sobre la fusión de las cajas.

Lo sucio, lo imperdonable en ese sujeto, es el papel al que se ha prestado en la gran orquesta política, mediática y financiera contra el Sur.

Es repugnante. Ojala su hijo se convierta en un buen médico de Caja Madrid.

Silver surfer.




          Moran el Bárbaro tomando a Silver Surfer por otra de las 20 doncellas moras que le levantó al Califa de Córdoba

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